pero allí está, en la soledad que él mismo ha traído. la cabeza todavía baja. los ojos todavía cerrados. los oídos aguzados y entrenados sobre la línea del bajo porque a través de su pecho hay un viejo saxofón alto— tomado de su cuello por una percha de metal.
Gentilmente lo sube ahora a sus labios, ¿lo ven? para decirle al mundo que es un Hombre Negro, que fue enviado aquí para predicar el Negro Evangelio del Jazz.